15.7.06

Una nueva lectura de la crisis ambiental

Una nueva lectura de la crisis ambiental
La Relación Persona - Naturaleza a la luz de los escritos de Chiara Lubich



Uno de los aspectos más salientes de la actual crisis ambiental, se expresa en el antagonismo planteado entre la creatividad (o libertad, en su concepción moderna positivista) del hombre y la responsabilidad en el cuidado de los bienes naturales, renovables o no.

Hay toda una suma de acuerdos internacionales y nacionales que intentan resolver esta cuestión, fundamentalmente a partir de la década del 70, con la reunión de Estocolmo
[1], y la conformación de oficinas o departamentos ambientales dentro de los organismos de rango internacional, como la Organización Mundial de la Salud y la Organización de las Naciones Unidas, entre otros[2].

Incluso fueron impulsados, de una u otra manera, estudios diagnóstico de la salud del planeta y los ecosistemas, estudios predictivos referidos a posibles escenarios de mantenerse la situación actual, acuerdos internacionales intentando evitar o mitigar los posibles escenarios críticos planteados, como por ejemplo el Protocolo de Montreal (protección de capa de ozono, 1987), el Protocolo de Kyoto (cambio climático, 1997), el Convenio de Basilea (control de residuos peligrosos, 1989), el Convenio de Río (protección de la biodiversidad, 1992) y Convenio de Estocolmo (compuestos orgánicos persistentes, 2001); con respuestas más o menos favorables de parte de las distintas naciones. Es decir, existe claramente una conciencia creciente de la situación crítica ambiental actual, sin embargo, pareciera que no se llega a dilucidar el punto nodal de la misma; de hecho existen planteos, aparentemente insalvables, entre grupos que pretenden preservar la naturaleza (ambientalistas o ecologistas) y aquellos que la valorizan como un simple recurso “útil” en el marco del actual sistema económico, privilegiando casi de modo excluyente, la máxima rentabilidad.

En este contexto, la propuesta que Chiara Lubich
[3] desarrolla de manera general, y Sergio Rondinara[4] de forma más específica, es no sólo interesante y relevante, sino, principalmente luminosa, porque enfoca directamente la raíz u origen del planteo, desde la perspectiva judeo-cristiana (podríamos incluso incorporar también las cuestiones fundamentales de las otras grandes religiones) y a partir de allí, se desprenden toda una serie de argumentos que permiten el replanteo de la crisis y, consecuentemente, vislumbrar alternativas de superación.

Chiara propone recuperar la relación originaria, desde el pensamiento bíblico y la tradición cristiana. Desde allí, considera que la creación no ha sido confiada sólo para administrarla responsablemente (gestionarla-management), sino que, recupera el sentido inicial, recuperando las palabras bíblicas mediante las cuales Dios confía la creación al hombre
[5] para “dominar la tierra”[6] y para guiar-apacentar los animales y plantas[7]. Desde esta perspectiva, queda resuelto el antagonismo planteado entre la creatividad del hombre y la custodia responsable de la naturaleza, al recuperar el sentido más profundo de nuestro “hacer en el mundo”: continuar la obra creadora de Dios.

Es más, propone como clave de lectura para profundizar dicho sentido, el valorar plenamente desde el amor ambos términos: humanidad-Naturaleza (H-N). Es decir, aquí nuevamente la reciprocidad es central, pero con el horizonte ampliado: no sólo la humanidad, sino que también incluye la relación con la naturaleza.

De esta mirada comprehensiva, de desprenden tres ideas básicas:

a) Recuperar la relación originaria, significa que la relación hombre (humanidad) – naturaleza se encuentra estrechamente vinculada con la relación Dios-hombre y Dios-naturaleza. Juan Pablo II y el Patriarca Bartolomé I, de la Iglesia Ortodoxa, afirmaron al respecto: “Hacen falta un nuevo enfoque y una nueva cultura, fundados en el carácter central de la persona humana dentro de la creación e inspirados en un comportamiento basado en una ética ambiental derivada de nuestra triple relación: con Dios, con nosotros mismos y con la creación. Esta ética favorece la interdependencia y subraya los principios de solidaridad universal, justicia social y responsabilidad, con el fin de promover una auténtica cultura de la vida”
[8]

b) La necesidad de desarrollar una instancia superadora del relato histórico-cultural
[9] de la relación H - N, partiendo de reconocer la dimensión escatológica (fin último): desde la perspectiva de Cristo Resucitado, punto de llegada de toda la historia, donde todas las relaciones Dios-personas-naturaleza, presentes en la creación, adquieren su sentido definitivo y pleno.

c) Los hombres, varones y mujeres, somos fundamentalmente personas. Es decir, fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, es decir capaces de relacionarnos, en una relación de amor con nuestros semejantes, con Dios y con toda la otra realidad creada: la naturaleza (el cosmos, del cual incluso formamos parte).


A partir de ello, se desarrollan algunos núcleos centrales (ideas fuerza) con los cuales se nos presenta el desafío de no quedarnos sólo en evaluar los aspectos éticos-morales de la actual crisis ambiental, sino de entrar (interiorizarnos en –comprometernos con) una nueva perspectiva, que incorpore esta doble visión:

La óptica de comunión (la reciprocidad extendida a toda la creación) – la óptica de la transfiguración (la creación “recapitulada” en Cristo resucitado)


· Valor pleno a la naturaleza (la creación):

à En ella Dios se auto-revela, es un don de Si, es expresión-símbolo (remite a él)-sacramento (medio de auto revelación) del Creador
[10]. Es Dios que en sus dones se da a si mismo. Podemos hablar de una visión epifánica de la creación: el cosmos es como una expresión finita de un Dios infinito, en el cual se expresa y comunica. La creación es expresión del Verbo, todo lo creado son palabras del verbo divino y tienen en él su origen[11], un mensaje divino que puedo escuchar, reconocer o ignorar.

à Chiara percibe como Dios se hace presente detrás de todo lo creado. Dios crea el cosmos, lo conserva en el ser, lo mantiene en la existencia, prosiguiendo su obra creadora: no la abandona a si misma. En este sentido, en la carta enviada al reciente Congreso de la red ECO-ONE (Mayo 2005), expresaba: “Teníamos la impresión de percibir, quizás por una gracia especial de Dios, su presencia detrás de las cosas. Por eso si los pinos estaban dorados por el sol, si los arroyos caían en sus cascaditas brillantes, si las margaritas y las otras flores y el cielo estaban de fiesta por el verano, más fuerte era la visión de un sol que estaba detrás de todo lo creado. Veía, en cierta forma, creo, a Dios que sostiene, que mantiene en pie las cosas”. Es a través de la Naturaleza que Chiara percibe el obrar perfecto de Dios, la participación de su propio ser. Dios se manifestó como Trinidad, entonces crea por amor.









· La relacionalidad (comunión-diálogo, reciprocidad) como característica distintiva de la creación entendida como amor:

à En este contexto, de la comunión propia de la relación trinitaria presente en todo lo creado (su huella), Chiara ve también que es el amor la ley inmanente en la naturaleza misma, el factor cualitativo que rige las relaciones entre los elemento de la naturaleza. En la carta mencionada anteriormente, se afirmaba: “(Las cosas) estaban vinculadas entre si por el amor: todas –podríamos decir- enamoradas las unas de las otras. Por eso, si el arroyo terminaba en el lago era por amor. Si un pino se erguía junto a otro era por amor”.

o Fuimos creados como un don para quien está a mi lado (el prójimo, mi compañero, mi hermano), y quien está a mi lado ha sido creado como un don para mi
[12]. En la tierra todo está en relación de amor con todo: cada cosa con cada cosa. Pero sólo siendo EL AMOR podemos encontrar el “hilo de oro” entre los seres.

o Sólo integrando la propia libertad en esa dinámica de amor (“estar” en el rayo) que inunda a toda la creación (a los ojos de Dios, desde el UNO), podemos descubrir la huella trinitaria en la creación misma, y además el fin último de toda la realidad natural
[13].

o Jesús al encarnarse, inauguró –mediante la materia transformada en Eucaristía- el camino hacia Dios, hacia la divinización del cosmos. Todos nosotros, personas, mediante nuestra actividad –laboral, intelectual, artística, etc- ocupamos un rol decisivo que va más allá de “conservar” o “custodiar” el ambiente: estamos llamados a ser los compañeros de viaje guiando a la naturaleza hacia la plenitud del proyecto de Dios sobre ella (cielos nuevos y tierras nuevas, Ap 21, 1).







· El hombre como sacerdote de la Naturaleza

à La misión de tomar posesión de la tierra y guiar y apacentar los animales y plantas, es conferida por medio de una bendición divina y es entregada a la persona: imagen y semejanza de Dios.

à Hacer habitable la tierra, ponerla a nuestro servicio (de y para todos los varones y mujeres, incluyendo las generaciones futuras), guiar a los animales y plantas es participar de Su atención a todo lo creado
[14]. Incluso, poniendo en juego toda nuestras capacidades. Al respecto afirmaban Juan Pablo II y el Patriarca Bartolomé I: “Debemos utilizar la ciencia y la técnica de modo pleno y constructivo, reconociendo que los resultados de la ciencia deben valorarse siempre a la luz del carácter central de la persona humana, del bien común y de la finalidad de la creación. La ciencia puede ayudarnos a corregir los errores del pasado para mejorar el bienestar espiritual y material de las generaciones presentes y futuras. El amor a nuestros niños nos mostrará el camino que conviene seguir en el futuro”.[15]
Se trata de administrar, es decir, gestionar algo que no es propio[16]. Y es desde el amor que el hombre encuentra su propia fisonomía y la naturaleza su camino hacia Dios.

à La persona se caracteriza y distingue del resto de la creación no sólo por su racionalidad, sino, y sobretodo, por su capacidad de relacionarse: crear eventos de comunión. Allí las creaturas pueden liberarse de estar constantemente referidas a si mismas y orientarse “más allá”: ser parte del plan de salvación (conducirlas hacia Dios).

à Entonces, las personas podemos “ofrecer”, mediar entre Dios y las otras creaturas, es decir actuar como sacerdotes
[17], porque podemos abrir a los otros seres a una relación trascendente con Dios, podemos hacerles superar el nivel de las relaciones naturales, que la ciencia estudia, para encaminarlas hacia Dios. Y esto es posible porque la naturaleza tiene en si misma una apertura, está dispuesta naturalmente a ser elevada; y para realizar esto espera la acción de la persona.




à La persona, constitutivamente, entra en la relación entre Dios y el mundo impersonal, por consiguiente, es restrictivo decir que sólo tendría que ser un respetuoso guardián de la creación. Más bien debería hacerla progresar mediante nuevas formas culturales que la eleven, “hurgando en los secretos de la naturaleza, en la actitud del artífice sabio y no la del tirano prepotente”
[18], contribuyendo a plasmar el anuncio profético de los “cielos nuevos y tierras nuevas” (Is 66,22; 2 Pt 3,13; Ap 21,1).

à Otra clave que Chiara nos brinda: “Todo debe ser tratado con el amor del Padre hacia el Hijo: ¡qué corazón amplio y que sonrisa de Dios sobre las cosas a través de nuestros ojos!”, podríamos incluso considerarla como la “Carta Magna” de la madura conciencia ecológica.

à En otro pasaje, Chiara expresa nuestra alma sacerdotal prefigurando el ingreso de la creación en Dios en el último día, mediante una relación de comunión entre las personas y entre estas últimas y la naturaleza. Chiara usa para ello una imagen nupcial: “El alma (una alma sola) hecha Jesús, que entra en el Padre y desposa (como Iglesia) al Hijo, lleva consigo toda la creación y esta es su dote: sin esta dote Jesús no la toma como esposa. Entonces Jesús le regala todo el Paraíso. ¡Esa es la dote de él!
[19]


Corolario:

à Como ser parte de esta “revolución”: despertando en nosotros y todos los hombres de buena voluntad la dimensión mística de nuestro accionar cotidiano, ser contemplativos en acción. En particular, defender y preservar la naturaleza (el ambiente), pero fundamentalmente contribuir a embellecerla, espiritualizarla, transfigurarla: conducirla al último día.

à En particular a nosotros comprometidos con la ecología, se trata en primer lugar de trascender el análisis de las relaciones naturales, para adentrarnos con nuestra praxis y con nuestro estudio en contribuir a su espiritualización (enamorarnos no sólo del corazón de Jesús –la Misericordia-, sino también de su intelectualidad).

à Finalmente, esta definición de Chiara nos permite dimensionar cual es nuestro desafío: “La salud del Cuerpo místico, la salud de la humanidad, es la paz. La salud del cosmos es, por su parte, la ecología. ... La ecología es la base de la paz. La paz, la fraternidad se pueden hacer estando sobre un planeta que exista”
[20]

Referencias y fuentes:

Ø “La doctrina espiritual”. Chiara Lubich. Editorial Ciudad Nueva, Buenos Aires, 2004.

Ø “La relación persona humana – naturaleza a la luz de los escritos de Chiara Lubich”. Sergio Rondinara. En: “Como un arco iris. Los aspectos en el Movimiento de los focolares”. Ciudad Nueva, Buenos Aires, 2000.

Ø “Rapporto Persona-Natura e Sviluppo Sostenibile”. Sergio Rondinara. Ponencia presentada en el Congreso “EcoOne – Sostenibilità dello sviluppo”, Mayo 2005, Castelgandolfo, Italia, 6 pp.

Ø Carta de Chiara al Congresso Eco One,7 de Mayo 2005, Mollens, Suiza.

Ø “La natura tra fede cristiana e progettualità sociale. Spunti per un rinnovato rapporto tra persona umana e natura”. Sergio Rondinara. Documento extraído del sitio ECO-ONE An ecology for a united world (
www.ecoone.org), 11 pp.

Ø “Non Solo Economia: Per un Umanesimo di Comunione. Ecologia e Comunione”. Sergio Rondinara. Ponencia presentada en el Congreso Internacional “Nuovi orizzonti dell’Economia di Comunione”, Septiembre 2004, Castelgandolfo, Italia, 4 pp.

Ø "Declaración de Venecia". Declaración conjunta del Santo Padre Juan Pablo Ii y su Santidad Bartolomé I. Vaticano, 27 De Mayo De 2003
[1] “Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano”, Estocolmo 5 de Junio de 1972.
[2] Por ejemplo el PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente) y el “Protection of the human environment” (sitio de la OMS dedicado a la problemática ambiental”
[3] “La doctrina espiritual”. Chiara Lubich. Editorial Ciudad Nueva, Buenos Aires, 2004.
[4] “La relación persona humana – naturaleza a la luz de los escritos de Chiara Lubich”. Sergio Rondinara. En: “Como un arco iris. Los aspectos en el Movimiento de los focolares”. Ciudad Nueva, Buenos Aires, 2000.

[5] “Y los bendijo diciéndoles: sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los seres vivientes que se mueven sobre la tierra”(Gn 1,28)
[6] Del verbo hebraico kabas, que indica tomar posesión de un territorio
[7] Del verbo hebraico radä, que significa apacentar, guiar, conducir el rebaño a las pasturas
[8] Juan Pablo II y Bartolomé I, Declaración de Venecia, Vaticano, Mayo de 2003.
[9] Al respecto existen muchos elementos riquísimos a explorar-investigar y profundizar respecto de la cultura ambiental de las culturas precolombinas: mapuches, charrúas, guaraníes, incluso incas.
[10] “Porque, en realidad, lo que se puede conocer de Dios no es un secreto para ellos, pues Dios mismo se los dio a conocer. Pues, si bien no se puede ver a Dios, podemos, sin embargo, desde que él hizo el mundo, contemplarlo a través de sus obras y entender por ellas que él es eterno, poderoso, y que es Dios.” (Rom 1, 19-20)
[11] “En el único Verbo Dios se expresa a si mismo y todo lo ha hecho” Anselmo de Aosta
[12] “... Fui creada como un don para quien está a mi lado y quien está a mi lado ha sido creado por Dios como un don para mi. Como el Padre de (y en la) Trinidades todo para el Hijo y el Hijo es todo para el Padre” (C. Lubich, citada en “La relación persona humana–naturaleza a la luz de los escritos de Chiara Lubich”)
[13] “Las criaturas del universo están en marcha hacia la unidad (hacia Dios para ‘endiosarse’: participar plenamente de la realidad divina) a través del hombre: pequeña creación en miniatura.. ...síntesis de la creación” (C. Lubich, citada en “La relación persona humana–naturaleza a la luz de los escritos de Chiara Lubich”)
[14] “Si examinamos atentamente la crisis social y ambiental que afronta la comunidad mundial, debemos concluir que aún estamos traicionando el mandato que Dios nos dio: ser administradores, llamados a colaborar con Dios en la vigilancia sobre la creación, en santidad y sabiduría”(D. Venecia)
[15] Juan Pablo II y Bartolomé I, Declaración de Venecia, Vaticano 2003.
[16] “Ser humildes con respecto a la idea de propiedad y estar abiertos a las exigencias de la solidaridad. Nuestra condición mortal y nuestra debilidad de juicio nos impulsan a no emprender acciones irreversibles por lo que atañe a lo que hemos decidido considerar propiedad nuestra durante nuestra breve existencia terrena. No se nos ha concedido un poder ilimitado sobre la creación. Sólo somos administradores del patrimonio común” (Juan Pablo II, Bartolomé I; Declaración de Venecia).
[17] En el sentido religioso del término, es decir como mediadores entre Dios y la Humanidad, en este caso Dios y la Naturaleza.
[18] Juan Pablo II, “El valor del compromiso en las realidades temporales”, Audiencia General, 13 de diciembre de 2000
[19] (C. Lubich, citada en “La relación persona humana–naturaleza a la luz de los escritos de Chiara Lubich”)
[20] (C. Lubich, citada en “La relación persona humana–naturaleza a la luz de los escritos de Chiara Lubich”)
Enviado por Dami Rueda.

1 Comments:

At 6:41 p.m., Blogger YOKAVIL said...

“La naturaleza está fuera de nosotros”

En sus Diez Mandamientos, Dios olvidó mencionar a la naturaleza. Entre las órdenes que nos envió desde el monte Sinaí, el Señor hubiera podido agregar, pongamos por caso:

“Honrarás a la naturaleza de la que formas parte”.

Pero no se le ocurrió. Hace cinco siglos, cuando América fue apresada por el mercado mundial, la civilización invasora confundió a la ecología con la idolatría. La comunión con la naturaleza era pecado, y merecía castigo. Según las crónicas de la conquista, los indios nómadas que usaban cortezas para vestirse jamás desollaban el tronco entero, para no aniquilar el árbol, y los indios sedentarios plantaban cultivos diversos y con períodos de descanso, para no cansar la tierra. La civilización que venía a imponer los devastadores monocultivos de exportación, no podía entender a las culturas integradas a la naturaleza, y las confundió con la vocación demoníaca o la ignorancia.

Y así siguió siendo. Los indios de Yucatán y los que después se alzaron con Emiliano Zapata, perdieron sus guerras por atender las siembras y las cosechas del maíz. Llamados por la tierra, los soldados se desmovilizaban en los momentos decisivos del combate. Para la cultura dominante, que es militar, así los indios probaban su cobardía o su estupidez.

Para la civilización que dice ser occidental y cristiana, la naturaleza era una bestia feroz que habla que domar y castigar para que funcionara como una máquina, puesta a nuestro servicio desde siempre y para siempre. La naturaleza, que era eterna, nos debía esclavitud.

Muy recientemente nos hemos enterado de que la naturaleza se cansa, como nosotros, sus hijos; y hemos sabido que, como nosotros, puede morir asesinada. Ya no se habla de someter a la naturaleza: ahora hasta sus verdugos dicen que hay que protegerla. Pero en uno u otro caso, naturaleza sometida o naturaleza protegida, ella está fuera de nosotros. La civilización que confunde a los relojes con el tiempo, al crecimiento con el desarrollo y a lo grandote con la grandeza, también confunde a la naturaleza con el paisaje, mientras el mundo, laberinto sin centro, se dedica a romper su propio cielo.

fragmento de USELO Y TIRELO Eduardo Galeano

 

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