3.7.06

neurotoxicos

Neurotóxicos ambientales y Salud Pública



Artículo producido por AAMMA, publicado en el Suplemento del Diario del Mundo Hospitalario "Boletín de Temas de Salud" de la Asociación de Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos Aires, Año 10, N° 93, Noviembre del 2003
La investigación sobre la interacción entre las sustancias químicas ambientales y el desarrollo del niño es un área nueva de la salud pública. También un área donde se cruzan la ciencia con la política pública.Hace pocos años que se comenzaron a comprender los efectos potenciales sobre la salud y sobre el desarrollo del niño y a relacionarlos con las exposiciones a tóxicos ambientales. Son importantes la evaluación y la comprensión de la influencia de sustancias químicas ambientales en el proceso de la aparición de enfermedades vinculadas al neurodesarrollo (déficit de atención, hiperactividad y autismo, por ejemplo).Las consecuencias de estos desórdenes del desarrollo, que son irreversibles, pueden ser trágicas. Los costos familiares, sociales y económicos son inmensos y la incapacidad puede perdurar toda la vida.En las últimas dos décadas, ha habido una explosión de investigaciones neurobiológicas sobre el neurocomportamiento: atención, memoria y otras funciones cognitivas. Además, los patrones y estados del desarrollo normal del cerebro son ahora bien entendidos. Estos nuevos conocimientos permitieron una mejor comprensión de la especial vulnerabilidad del desarrollo del sistema nervioso a los cambios del ambiente. Se desprende claramente, de observaciones hechas primero en animales y luego en niños, que ante cambios sutiles en las concentraciones de sustancias químicas normales (como las hormonas) o la presencia de agentes tóxicos externos (como metales pesados o sustancias químicas sintéticas), se pueden producir cambios profundos y permanentes en el desarrollo del sistema nervioso, que pueden llevar al deterioro del rendimiento mental y a alteraciones en el sistema reproductor.Los problemas de aprendizaje, madurez y comportamiento en los niños son, claramente, resultado de complejas interacciones entre factores genéticos, químicos y del medio social que los influencia durante períodos vulnerables del desarrollo. Los efectos negativos sobre el neurodesarrollo son una causa evitable de daño. No debemos ignorar y sí tener presente que los niños son concebidos y viven hoy en un ambiente muy diferente al de hace unas décadas. Hay un nuevo patrón de enfermedades emergentes. Más de diez millones de productos con los que convivimos diariamente contienen sustancias químicas: aún no conocemos la toxicidad de la mayoría de ellos, muchos son identificados como neurotóxicos con efectos por exposición crónica a muy bajas dosis, tan bajas que a veces son difíciles de detectar en el ambiente.El problema es que los niños son muy vulnerables a los tóxicos desde su concepción (generalmente las dosis de exposición tóxica se calculan para adultos de 70 kg), tienen menor habilidad detoxificante, ingieren más agua y alimento, y consumen más aire en relación con su peso corporal que un adulto, juegan en el suelo, alfombras o en el pasto que son reservorios de polvo o plaguicidas y habitan en edificios públicos (escuelas) que son frecuentemente tratados con insecticidas. Los niños no pueden, además, discernir cuándo están ante una situación de peligro tóxico y pueden no estar capacitados para evitarla o escapar de ella. Si podemos entender el papel que juegan las sustancias químicas ambientales en los desórdenes del neurodesarrollo, avanzaremos concretamente hacia la prevención de estos problemas. Reconociendo la etiología podremos reducir la incidencia, limitando o eliminando la exposición a sustancias neurotóxicas, regulando su uso o buscando sustituidas por alternativas más seguras.